Tensión de cable, límites del descarrilador y pastillas que no rocen
El descarrilador trasero suele desafinarse con el uso y con los golpes del bicicletero. No hace falta un taller para dejarlo andando fino otra vez: con paciencia y unas pocas herramientas se resuelve en casa. Lo que sigue es el orden que uso cuando la bici empieza a saltar cambios o a rozar la cadena contra el cuadro.
Levanto la rueda trasera y pedaleo con la mano para escuchar de dónde viene el ruido. Muchas veces el problema no está en el cambio sino en la cadena seca o en una pastilla de freno que roza la llanta. Reviso primero eso, porque ajustar el descarrilador con la cadena sucia es perder el tiempo: cualquier tensión que ponga va a quedar mal calibrada.
Con la bici apoyada y la rueda levantada, giro el pedal hacia adelante y paso cada cambio uno por uno. Anoto en qué piñón salta y en qué dirección lo hace. Ese detalle solo ya me dice si el problema es de límite, de tensión o de cable estirado.
Los dos tornillos chicos del descarrilador marcan hasta dónde puede llegar la cadena. El H controla el piñón más chico y el L el más grande. Si la cadena se cae hacia los rayos, el límite L está flojo; si se sale hacia el cuadro, es el H. Los giro de a cuarto de vuelta y pruebo cada vez, sin apurar, porque un cuarto de vuelta de más ya cambia el comportamiento.
Antes de moverlos, marco con un marcador fino la posición original. Si me pierdo, vuelvo al punto de partida y empiezo de nuevo. Es más rápido que intentar adivinar cuánto giré.
Cuando los límites están bien pero los cambios del medio entran lento, casi siempre es tensión de cable. El tensor del manubrio permite corregir en marcha: giro media vuelta, pruebo, y sigo hasta que cada cambio entre limpio. Si el cable ya está estirado de tanto uso, no queda otra que aflojar el tornillo del descarrilador, tensar a mano y volver a apretar.
Un error que cometí varias veces: tensar de más. El cambio sube rápido pero la cadena queda forzada y hace ruido en los piñones del medio. La tensión justa es la mínima que hace entrar el cambio sin dudar.
Las pastillas tienen que apoyar planas sobre la llanta, no inclinadas ni tocando la cubierta. Si una roza de un solo lado, el freno está descentrado: aflojo el tornillo de anclaje, sostengo el arco centrado y vuelvo a apretar. Las pastillas gastadas se cambian cuando la ranura de desgaste ya casi no se ve, no cuando empiezan a frenar mal.
Y algo que conviene repetir: la llanta no se lubrica nunca. El aceite en la pista de frenado arruina la frenada y mancha las pastillas. Si por accidente cayó grasa, se limpia con alcohol y trapo hasta que la superficie quede opaca otra vez.
Para todo esto alcanza con un juego de llaves Allen, un destornillador de punta plana, un cepillo de alambre para la cadena, aceite para cadena y un trapo. Nada especializado. El aceite lo compré hace tiempo y todavía rinde; el trapo sale de ropa vieja cortada.
Antes de salir a la calle hago un tramo corto en la vereda: paso todos los cambios, freno fuerte dos o tres veces y escucho. Si algo roza, se nota enseguida. Es mejor descubrirlo ahí que en medio del tránsito.
Cuando la cadena suena a metálico en cada pedalada, mucha gente empieza a mover el descarrilador sin necesidad. Casi siempre es falta de lubricación o una cadena estirada. Antes de tocar los tornillos, limpio con cepillo, aplico unas gotas de aceite y pedaleo un rato. Si el ruido sigue, ahí sí reviso el cambio.
Si te sirvió este ajuste, en el cuaderno hay más notas de mantenimiento y armado. Podés ver todas las entradas del blog o pasar por cómo armar un banco de trabajo firme, que es donde conviene hacer este tipo de reparaciones.
Bitácora personal de oficios y taller
Escribo acá lo que voy aprendiendo mientras arreglo cosas: el banco de trabajo, la instalación eléctrica, la bici que uso todos los días. Cuando ajusté los cambios y los frenos de la urbana, anoté el orden de los pasos, la tensión del cable que quedó bien y el error de apretar de más el freno trasero hasta que la rueda rozaba. Nada de esto sale de un manual: sale de ensuciarme las manos, equivocarme y volver a probar. Si algo de lo que documento te sirve para tu propio taller, ya valió la pena escribirlo.